Francia prohíbe el burkini en las piscinas públicas en nombre de la igualdad

Francia prohíbe el burkini en las piscinas públicas en nombre de la igualdad

Crónica Mi día de playa como «la mujer burkini»

¿El burkini es un atentado a la laicidad, a las mínimas reglas de higiene en una piscina o a ambas? La polémica en Francia está servida. Todo empezó a mediados de mayo en Grenoble, una ciudad de unos 160.000 habitantes a los pies de los Alpes, gobernada por la izquierda. Entonces, el alcalde ecologista Éric Piolle aprobó, con una mayoría ajustada de 29 votos contra 27, una nueva norma que permitía el uso del burkini en las piscinas públicas de la ciudad. El objetivo, según sus palabras era «levantar las prohibiciones de vestimenta», siempre y cuando «se tratara de prendas con tejidos específicamente concebidos para el baño». «Muchas mujeres no van a las piscinas porque no quieren enseñar sus cuerpos» continuaba la alcaldía, sin mencionar, en ningún momento, la palabra burkini.

Dice el refrán que uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla. Y ni el alcalde Piolle -por mucho que no dijera la palabra prohibida- ni el Consejo de Estado (la más alta institución judicial) han podido escapar a la polémica del burkini, un viejo asunto que tiende a polarizar una sociedad donde la laicidad es sinónimo de libertad. Y no hay nada -o casi nada- que a un francés (musulmán o no) le guste más que reivindicar su libertad.

Ayer, el Consejo de Estado confirmó una decisión del tribunal administrativo de Grenoble que afirmaba que la modificación del reglamento de las piscinas «tenía como objetivo, contrariamente a lo que decía la alcaldía, autorizar el burkini para satisfacer una reivindicación de naturaleza religiosa». Y esa «derogación» de las reglas habituales sobre trajes de baño era contraria a «la igualdad de trato» de todos los usuarios y al principio de «neutralidad de los servicios públicos».

Es necesario aquí hacer una puntualización. La mayoría de los reglamentos galos sobre cómo debe uno vestirse en una piscina prohíben los trajes de baño no ajustados porque no se consideran higiénicos (por la misma razón están vetados los gorros). En el caso de Grenoble, el alcalde quería modificar la norma y permitir trajes de baño largos a condición de que no llegaran a la rodilla. Y, puesto que los hombres tienen prohibido llevar bermudas, el Consejo de Estado estima que, en realidad, la voluntad del alcalde de Grenoble era autorizar los burkinis, de cuerpo entero o hasta la rodilla que, en ocasiones, llevan falda incorporada.

Por resumir: un alcalde no puede modificar una norma de acceso a una piscina para satisfacer sólo a una parte de la población, concretamente, a las mujeres que quieren vestirse con un burkini.

Gérald Darmanin, ministro de Interior, mostró su alegría por la decisión judicial, afirmando que era una «victoria de la ley sobre separatismo, una victoria para la laicidad y, sobre todo, para la República». Esa norma a la que se refería Darmanin, la ley de lucha contra el separatismo, aprobada en agosto del año pasado, permite a las autoridades municipales pedir la suspensión de una norma que suponga una vulneración «de los principios de laicidad y neutralidad públicas».

En Francia, el país europeo con la comunidad musulmana más grande de Europa, se prohibieron en 2010 en espacios públicos el nicab (el velo que cubre el rostro) y el burka. Y los burkinis fueron el tema estrella del verano hace ahora seis años, cuando una treintena de ciudades lo prohibieron en sus playas antes de que el Consejo de Estado sentenciara que era una medida «desproporcionada».

Solo una ciudad acepta el burkini en las piscinas públicas: Rennes. Aunque, en realidad, la prenda no está ni prohibida ni autorizada y su nombre ni aparece en el reglamento. Lo que hizo la alcaldesa socialista Nathalie Appéré en 2018 fue acabar con la prohibición de las bermudas y permitir las vestimenta utilizadas para el buceo en las piscinas. En la entrada de estos establecimientos hay un pequeño cartel con las cuatro condiciones que debe cumplir cualquier traje de baño: que su tejido sea acorde para la actividad, que esté limpio, que no haya sido usado antes del baño y que no sea ropa interior. Y el burkini cumple con todas.

Así, mientras la líder de la extrema derecha, Marine Le Pen, ha manifestado que, si por ella fuera, ya existiría una ley que prohibiera el burkini en las piscinas, varias organizaciones musulmanas manifiestan que seguirán luchando por su derecho a llevarlo.. Yasmina, parte del Sindicato de mujeres musulmanas de Grenoble, aseguraba en declaraciones a RadioFrance: «Militamos para que cada una lleve el traje de baño que elija, el clásico bañador, un monokini o un traje de cuerpo entero».

Ayer, la alcaldía de Grenoble dijo que «tomaba nota» de la decisión del Consejo de Estado pero que simplemente había querido «permitir el igual acceso de todos los usuarios a las piscinas, sin discriminaciones». Y recordaba que el nuevo reglamento de las piscinas de la ciudad seguía siendo un «avance» ya que permite la «igualdad entre hombres y mujeres». Y es que, curiosamente (o no), la norma aprobada a mediados de mayo también permitía a las mujeres ir en topless. Y eso no ha sido objeto de discusión, ni de polémica, ni de titulares.

Deja una respuesta