Publicado el 15/06/2025 por Administrador
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La tensión entre Israel e Irán ha alcanzado un nuevo nivel de peligrosidad tras el anuncio del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien aseguró que su país logró abatir al jefe de inteligencia de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, Mohamad Kazemi, en un ataque aéreo dirigido contra una sede estratégica en Teherán. La operación, de acuerdo con fuentes israelíes, también habría terminado con la vida del segundo al mando, Hasán Mohaqeq.
La acción formó parte de una ofensiva mayor denominada “León Ascendente”, una operación militar que movilizó aproximadamente 200 aeronaves y más de 300 misiles de precisión hacia objetivos estratégicos iraníes, incluyendo instalaciones nucleares y centros de mando del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). Entre los blancos alcanzados se encontrarían las instalaciones de Natanz, el centro nuclear de Isfahán y otras bases militares claves.
Netanyahu brindó declaraciones a medios internacionales, entre ellos Fox News, afirmando con rotundidad que “Israel ha golpeado el corazón de la inteligencia iraní”. Sin embargo, hasta ahora, las autoridades de Teherán no han emitido confirmación oficial sobre la muerte de Kazemi ni de otros altos mandos. El régimen iraní mantiene un hermetismo absoluto sobre lo ocurrido, lo que ha desatado aún más especulaciones.
Mientras tanto, medios como Iran International, con sede en Londres, informaron que ambos oficiales iraníes quedaron sepultados tras los bombardeos, citando fuentes dentro del aparato de inteligencia iraní. La aparente falta de respuesta inmediata por parte de Irán ha llamado la atención, especialmente considerando la magnitud de los ataques y la jerarquía de los presuntos caídos.
En la misma ofensiva, Israel habría eliminado también a Hossein Salami, comandante en jefe del CGRI, así como a nueve científicos nucleares identificados, entre ellos Fereydoun Abbasi-Davani y Mohammad Mehdi Tehranchi. Todos estarían relacionados con el programa nuclear iraní, que Israel considera una amenaza existencial directa.
La respuesta iraní no se hizo esperar completamente. En las horas siguientes al bombardeo, Irán lanzó oleadas de misiles y drones contra Israel. Uno de los proyectiles impactó en Bat Yam, una zona cercana a Tel Aviv, causando al menos seis muertos y numerosos heridos. La escalada es considerada una de las más graves en la historia reciente de Oriente Medio.
Los líderes occidentales han alzado la voz en busca de contención. Alemania, Francia y el Reino Unido han solicitado la reactivación de las conversaciones sobre el programa nuclear iraní, insistiendo en que la diplomacia es el único camino viable para evitar una guerra de gran escala. El secretario general de la ONU ha pedido un alto al fuego inmediato.
En Irán, el líder supremo Alí Jameneí convocó de emergencia a altos funcionarios para reorganizar la estructura de defensa y nombrar nuevos comandantes tras las presuntas bajas. El mensaje oficial insiste en que “la respuesta no tendrá límites”, lo que anticipa nuevas represalias.
Aunque Estados Unidos ha reiterado que no participó en la operación, fuentes de inteligencia aseguran que Washington fue informado con antelación por parte del gobierno israelí. El Pentágono mantiene alerta máxima en sus bases regionales.
Expertos internacionales advierten que este intercambio directo y mortal entre Israel e Irán representa un punto de inflexión. A diferencia de enfrentamientos anteriores indirectos o por terceros actores, esta vez ambas potencias se han golpeado directamente en sus respectivos territorios, marcando un precedente inquietante.
Con el silencio iraní y la contundencia israelí, el mundo observa con preocupación una espiral que podría arrastrar a toda la región hacia un conflicto sin precedentes.